La Educación no escapa a este fenómeno. El sistema propicia la sobrevivencia del profesor con más aguante y menos expectativas. ¡Cuántos relatos he escuchado de profesores jóvenes! Al entrar al sistema se enfrentan con el cansino y desesperanzado paso de los profes hacia las salas. Tarde o temprano, la mayor parte de ellos, forma parte de la cabizbaja comparsa que espera la llegada del fin de mes..."platita poca , pero segura"
¿Y qué pasa con los profesores innovadores? ¿Cuándo empiezan a ser remunerados de acuerdo a sus méritos, al tiempo y dinero invertido en perfeccionarse constantemente? Porque, aclaremos, uno está en una profesión como medio de sustento además de responder al llamado de la vocación. Alguien que no está interesado en "en el vil dinero", que se vaya a meditar y comer raíces a la montaña o que se meta a las Carmelitas descalzas.
¿Cómo es posible que uno empiece a ganar un sueldo más o menos decente cuando se acerca la jubilación ; cuando se empieza a enfermar más y, por lo tanto, empieza a gastar el "gran sueldo" en médicos y remedios. Justo en el momento en que ya todo le da lo mismo porque se dio cuenta que, salvo casos puntuales, uno no cambió el mundo y la "cosa" no tiene par a cuando mejorar.
Yo no eludo mi responsabilidad profesional, no me ciego ante la desidia de muchos colegas.
No me gusta este sistema, ni lo que nos "obliga" a hacer. Sin embargo, tampoco acepto que se nos pase una aplanadora por encima. Hay mucha tela que cortar y, para variar, los que menos cortamos somos nosotros. ¿ Y quién tiene la culpa de eso?
Creo que es justo el momento que tomemos seriamente las tijeras. Este traje lo vestimos nosotros todos los días.